Con el agua al cuello.

Artículo publicado por BOWIE Wednesday, 09 de December de 2009, a las 23:22 C.E.T.

Siempre que nos embarcamos en un proyecto de este tipo todo acaba convirtiéndose en una auténtica aventura muy difícil de olvidar. Si juntamos, muchos kilómetros a recorrer, pocas horas de sueño y dificultades meteorológicas el combinado resulta explosivo, pero si a esto le añades personas que no conocen el significado de la palabra imposible o para los cuales no existen los límites el resultado es un excitante explosivo.

En esta ocasión solo pudimos juntarnos tres de los varios amigos que solemos quedar para estas hazañas de varios días, de hecho se echó de menos a varios de ellos y más en un momento muy puntual que luego contaré y para el cual bien hubieran venido algunos brazos más.

A las 6 de la madrugada del sábado 5 de diciembre quedamos en las instalaciones V-twin en Aranda de Duero, Ramón, Marcos y yo.

A las 6 y media con la oscuridad de la noche dio comienzo nuestra aventura tomando dirección norte por caminos plagados de conejos que cruzaban continuamente de un lado hacía el otro (resultado: 1-0).

A los 80 km. se encontraba la primera gasolinera y faltando solamente 10 km. para llegar a ella ocurre el primer incidente, Ramón se percata de que ha perdido la maleta, inmediatamente da la vuelta a su Renegade y acude en su búsqueda, cosa que soluciona en algo menos de media hora, una vez bien amarrada de nuevo continuamos la marcha.

Llegamos a la primera gasolinera, repostamos y vemos que la rueda trasera derecha de Ramón va un poquito baja de presión y aprovechamos para dar aire, pero a los 6 km. de continuar la marcha sucede el segundo incidente, la misma rueda ha perdido todo el aire y decidimos volver a la gasolinera ya que la perdida es tan elevada que el compresor no nos permite localizar el pinchazo, una vez en la gasolinera damos presión y vemos que no se trata de un pinchazo, si no de que los tornillos de los aros de las nuevas llantas del Renegade 800 Rx XC están todos flojos, procedemos a su reapriete en las 4 llantas y a seguir. Estos dos incidentes fueron lo único destacable durante toda la jornada.

Continuamos ruta por tierras burgalesas buscando siempre el norte.

En el kilómetro 160 aproximadamente se encuentra la 2ª gasolinera, momento en el que aprovechamos para tomar un chocolate autocalentable (¡qué invento!) y culturizarnos un poquito con la prensa del día.

A partir de aquí el cielo se volvió amenazante y la niebla junto a una fina lluvia comenzaban a hacer acto de presencia. Hacemos una parada para enfundarnos los impermeables.

La niebla se cierra y la lluvia se hace un poco más intensa, quedándose en ese punto que más molesta, ya que es lo suficiente para empañar nuestros cristales, pero no lo suficientemente fuerte para que el agua corra por ellos, así llegamos a una de las zonas más rocosas de la provincia de Burgos.

Tocamos levemente el norte de Palencia para introducirnos en Cantabria dirección Reinosa.

Ya en tierras cántabras deja de llover, se levanta la niebla y el tiempo se mantendría muy bueno hasta el fin de la jornada.

Cerca de Reinosa disfrutamos del barro y de grandes subidas y bajadas en las cuales el Renegade demuestra todo su poderío.

Las chicas de la gasolinera de Reinosa nos esperaban desde hacía un año, nos trataron de maravilla y nosotros a ellas, incluso las invitamos a comer quesada que compramos allí mismo, ¡qué bien lo pasamos con ellas y ellas con nosotros!.

De aquí en adelante llegaba una zona muy esperada tanto por las vistas que nos iba a deparar como por los bellos y acogedores bosques que íbamos a cruzar.

Este parecía el bosque encantado.

Disfrutamos muchísimo de este precioso rincón.

Y también de algún que otro pequeño vadeo.

Y después de 356 km. llegamos a nuestro primer destino, donde nuestro amigo Gabi nos tenía reservada una preciosa posada para descansar, eso sí después de una buena cena para recuperar fuerzas.

La cena fue espectacular, llena de risas y chistes, a los cuales se sumaron otro grupo de chavales que allí cenaban.

Antes de la cena nos tomamos un par de cervezas con este par de chicas, las cuales por su simpatía hicieron que volviéramos a hacerlas otra visita después de cenar y así ayudarlas a cerrar su local. Prometido quedó que volveríamos por allí y que en esa ocasión haríamos todos los festejos en su local.

Después de esto, todos a la cama, algo revueltos, pero en la cama, excepto uno que se quedó trasteando por ahí.

El domingo 6 amaneció muy buen día en la costa cantábrica, una temperatura de 18 grados a las 8 de la mañana. Lógicamente nuestro objetivo principal era ver el mar, cosa que no podíamos dejar de hacer antes de comenzar la segunda jornada que tenía por destino mi casa. Hasta allí vino nuestro amigo Gabi que en esta ocasión no pudo acompañarnos en la ruta por compromisos familiares. No obstante se portó de maravilla con nosotros aportándonos una nave para dejar nuestros vehículos y prestándonos un vehículo para movernos durante esa noche. ¡Gracias Gabi!.

En ese momento nada nos hacía imaginar cómo iba a acabar la jornada, circulábamos por tierras cántabras tan felices, disfrutando del paisaje y la conducción.

Ramón no desperdiciaba ocasión para charlar con todo aquel que se encontraba en el camino. Este TT iba al rescate de otro que se había quedado enganchado un poco más arriba.

La ruta avanzaba según el horario previsto, debíamos llegar a Potes a la hora de comer, pues a esa hora habíamos quedado con una famosa pareja de nuestro mundillo.

Hubo tiempo para todo, incluso para practicar con la cámara en preciosos lugares como este río con su cauce de roca.

Bajo la Braña de los Tejos nos adentramos en esta cueva, ¡qué acojone!, no llegamos a ver el final, pero lo más bonito estaba encima, un precioso bosquecillo de Tejos.

Por fin llegamos a Potes, rellenamos depósitos  e hicimos las visitas correspondientes, allí saludamos a Pili que trabaja en una estupenda pastelería, a Jose Alberto, dueño del hotel Picos de Europa y por supuesto a la familia Jariod con la cual habíamos quedado para saludarnos y comer juntos.

Una vez acabamos la comida nos preparamos para afrontar la parte más dura de la ruta y la que marcaría para siempre esta aventura, el cielo amenazante comenzaba a dejar caer sus primeras gotas, así que partimos ya con todo el equipo de impermeables puestos. Yo ya conocía el camino, pero había un pequeño tramo que tenía en mente de revisar y que nos hizo perder 20 valiosos minutos de los que luego nos acordaríamos.

Tampoco podíamos dejar de ver a nuestro amigo Pruden y a sus hermanos, ya que Ramón y Marcos tenían ganas de conocer a tan famosos pastores, aquí también "perdimos" otro valioso tiempo entre presentaciones, regalos y fotos, pero bueno, así son las rutas.

Tanto Pruden como Jose Alberto (dueño del hotel picos de Europa), nos advirtieron que tuviéramos mucho cuidado con los neveros y el caudal del río que más adelante tendríamos que pasar. La tarde poco a poco iba tocando a su fin y salvo otra pequeña de otros 15 minutos por encenderse la luz de la temperatura del Renegade de Marcos todo iba sobre ruedas, la lluvia caía de manera suave, los caminos totalmente encharcados y la nieve a los lados del camino ya prácticamente se había deshecho toda y todos sabemos que cuando la nieve se deshace se convierte en agua que va a parar a los ríos para aumentar su caudal, al ver esta situación en la parte alta de la montaña me hizo llevar la mosca detrás de la oreja hasta llegar al río. Esta fue la última foto del día.

A partir de aquí comenzaba el descenso hacia el valle, disfrutábamos de la enorme cantidad de agua que había en el camino mientras no dejaba de llover, las últimas luces del día nos permitieron disfrutar de varias manadas de ciervos que sorprendentemente se paraban a nuestro paso y se quedaban mirando como diciendo: ¡pero dónde van estos locos del quad!.

Ya a oscuras y lloviendo, llegamos al primero de los 6 vadeos que debíamos de realizar, el agua bajaba bravo, pero lo vi factible, lo afronto y paso sin dificultad, detrás vienen Marcos y Ramón que se lo piensan antes de darle al gatillo, Marcos se lanza y por poco no alcanza la orilla ya que le entra agua en el variador y este comienza a patinar, Marcos se pone nervioso y le cuesta atender y entender las explicaciones que le doy de cómo se saca el agua del variador y de cómo hay que afrontar los pasos, los siguientes tres pasos los realizamos sin dificultad aunque con mucha tensión, los nervios están a flor de piel y ya nadie se ríe, a pocas decenas de metros se encuentra el 5º y penúltimo paso que era el que más me preocupaba, ya que es en una zona estrecha donde la bravura del agua aumenta, nada más ver las luces de mi ATV sobre las rebeldes aguas se me corta la respiración, me acerco e introduzco el morro para intentar ver el fondo, allí no se ve nada, aquello parece un infierno, el río amenazaba con tragarte nada más meterte, avanzo unos centímetros más y comienzo a notar como la corriente ya quiere llevarme, en ese momento solo pienso ya en otra alternativa que existía, meto marcha atrás mientras Ramón y Marcos me observaban, pero justo cuando me dispongo a dar la vuelta, el valiente de Ramón toma mi posición muy decidido a pasar, por mi cabeza se pasan mil pensamientos (está loco, vaya huevos que le echa, se lo va a llevar la corriente, …) de repente pega un gatillazo y el Renegade de Ramón comienza a bramar, logra avanzar mientras la corriente lo va desplazando río abajo, está perdiendo la trayectoria de salida, de repente deja de avanzar y la fuerza del agua lo sigue desplazando, el motor aún arrancado bajo el agua ya no tiene fuerza y se ven salir las burbujas de aire provenientes del tubo de escape, Ramón se ve obligado a bajar del ATV para evitar el vuelco lateral, la escena es dantesca, hay que ayudarle, le grito a Marcos que vaya en su ayuda mientras voy a por las eslingas para amarrarlo y que no se lo lleve.

 Marcos sin dudarlo se tira en plancha para caer sobre la maleta del ATV de Ramón, esta imagen jamás se me borrará de la mente, fue espectacular, jamás vi hacer una estirada de ese tipo ni a Casillas, rápidamente voy en busca de las eslingas, saco mis teléfonos de los bolsillos por lo que pudiera pasar y voy corriendo hasta la orilla, le paso la eslinga a Marcos y Ramón la amarra a la defensa delantera, pero justo en ese momento se deja de oír el motor bajo el agua, la cosa se complica, es necesario que todos pasemos a la otra orilla, Marcos lo consigue mientras ramón aguanta el ATV para que no se lo lleve la corriente, yo intento pasar andando el río, pero la corriente es muy fuerte y no logro mantenerme en pie, la corriente me lleva pero logro agarrarme a una de las correas que fijan la maleta de Ramón al ATV, soy incapaz de ponerme en posición vertical, la corriente me lleva los pies mientras hago fuerza con los brazos, el agua me llega al cuello y solo se me ve el casco sobre la superficie del agua, grito pidiendo ayuda desesperado, creo que un brazo me agarra de la pechera y me ayuda a levantarme, la tensión y los nervios no dejan ni que sienta el frío del agua, poco a poco logro pasar a la otra orilla. Marcos y yo tiramos de la eslinga mientras Ramón empuja el ATV desde el agua, aquello no se mueve, está bloqueado, intentamos levantar el morro, las fuerzas van mermando mientras la tensión aumenta, hay que pasar otro ATV para engancharlo y tirar con él, voy en busca del mío y rápidamente encuentro la otra alternativa que tenía en mente, en menos de tres minutos estoy al otro lado, lo enganchamos y tiramos, pero sigue sin moverse, cada uno grita su idea (hay que poner la correa mas corta, hay que tirar más de frente, hay que tirar hacia abajo), ¡qué locura¡, probamos de mil maneras y aquello parece estar pegado al fondo del río, el agua pasa por encima del asiento, finalmente Ramón dice de sacarlo tirando del asa trasera río abajo y esa fue la solución, logramos sacarlo al camino, los nervios se van calmando y comenzamos a pensar, lo ponemos boca arriba para que salga el agua del escape, mientras tanto yo llevo a Marcos para traer su ATV al otro lado, cuando llegamos Ramón ya está desmontando plásticos para sacar el filtro del aire y ver hasta donde ha llegado el agua, el filtro sale empapado y la caja está llena de agua, mientras Ramón la vacía yo seco el filtro con el aire caliente del escape, pero Ramón decide no arrancarlo para evitar males mayores, no hay fuerzas ni ganas para desmontar bujías, aparte sigue lloviendo y las condiciones no son las mejores para realizar estas operaciones, empapados hasta las orejas decidimos remolcarlo con mi King hasta el pueblo más cercano, casi quedan 10 km. de caminos rotos y grandes charcos y alguna que otra subida embarrada, ¡pobre Ramón!, cómo lo puse de barro en las subidas, pero no me quedaba otro remedio, si no le daba gas a tope hubiera sido imposible subir. En esos 10 km. piensas de todo, analizas lo ocurrido, comienzas a sentir el frío de verdad, el cuerpo se queda tieso, pero a una velocidad casi constante de entre 20 y 23 km/h. llegamos al pueblo, me alegro al ver que el bar de Aurelio está abierto y sale a recibirnos alertado por el ruido de los motores, la primera pregunta no podía ser otra, ¿de dónde venís a estas horas y en esas condiciones?, casi no salen ni las palabras, cogemos todo nuestro equipaje y entramos en el bar, lo primero es quitarse toda la ropa mojada, al menos teníamos ropa seca, Ramón hace todas las gestiones para que la grúa venga a buscarlo mientras Marcos y yo nos vamos cambiando. Es increíble como vamos recuperando el humor, ya que a los cinco minutos ya estamos riendo y haciendo chistes del momento que acabábamos de pasar. Ramón descubre el estropicio que había hecho el agua en su maleta, un ordenador portátil y varios teléfonos, pero se lo toma con humor. Pero la noche aún nos deparaba otro momento de tensión, nadie había caído en la hora que era, y Marcos y yo debíamos estar en la siguiente gasolinera antes de que cerrase a las 10 de la noche, eran las 9:39 y teníamos 22 km. por delante, otro reto más, parecía misión imposible, pero Marcos y yo nos ponemos en marcha rápidamente. Sigue lloviendo y mi cabeza continuamente va recalculando la velocidad media que debemos sacar para llegar a tiempo, las medias van saliendo, justas pero salen, el ritmo es endiablado, Marcos no me pierde la estela ni un solo instante, vaya pedazo piloto. Y justo cuando el reloj marca las 21:59 aparecen delante de nosotros las luces de la gasolinera, estamos salvados, paramos los vehículos y sale el empleado de la gasolinera le digo: “llegamos por los pelos, ¿eh?” y nos responde: ¡qué va!, si cerramos a las 11, ¡manda huevos!, y nosotros jugándonos el tipo. Los restantes 50 km. hasta llegar al destino de esa jornada pasaron sin pena ni gloria, eso sí, al llegar hubo que poner todo a secar pues al día siguiente nos quedaba por realizar la última etapa.

Ya solo nos quedaba por realizar la última etapa entre Saldaña y Aranda de Duero, 188 km. que haríamos sin Ramón, Marcos y yo. Había estado lloviendo durante toda la noche y los caminos estaban repletos de peligrosos charcos que te podían jugar una mala pasada, esto hacía que hubiera que ir muy atentos.

Los ríos se cruzan por los puentes, claro, siempre que los haya.

El ritmo era bueno, ya que queríamos llegar a Aranda a comer, pero aún así pudimos para a hacer alguna que otra foto. Las pistas eran anchas y rápidas.

A las dos y media llegamos al final de nuestra aventura, la sensación fue un poco extraña, el cuerpo me pedía más ruta aún a pesar de los 800 km. rodados en dos jornadas y media y las 4 horas de sueño de las tres últimas noches. Una sensación de tristeza me invadía al no haber podido llegar los tres juntos rodando, pero ya la tenemos liada de nuevo, estamos decididos a repetir de nuevo la experiencia, pero con alguna variación, hay que hacerla más dura si cabe, no puede ser que despues de 800 km. nuestros cuerpos sigan pidiendo guerra. Logicamenta acabamos la ruta con una comida suave para guardar la dieta.

Hasta la próxima.


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